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24 horas de comida en la ciudad de México (Planeta, 2018) es un libro de Alonso Ruvalcaba y Andrea Tejeda Korkowski, editado por Luis Reséndiz, con el apoyo de Alaíde Ventura. Su título es literal. 

 
 

Comprar 24 horas de comida en la ciudad de México

 
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los autores

 

Alonso Ruvalcaba

escribió este libro.

Andrea Tejeda Korkowski

tomó las fotos de este libro. 

Luis Reséndiz

editó este libro.

Alaíde Ventura

cuidó las pruebas de este libro.

 
 
Una ciudad con quesadillas sin queso no es una ciudad necia: es una ciudad con imaginación. Es pensante, abierta, incluyente, profunda. Así es este libro, así es Alonso Ruvalcaba y así son las voces que lo traspasan para describir 24 horas de comida en la ciudad. Un día que no es uno sino todos los de su historia al mismo tiempo, y que deja entrever la metamorfosis de todo lo que se convierte en chilango. Es chingón y delicioso.
— Enrique Olvera, Pujol
Much like the chilesalylimón sprinkled over most of the dishes in Mexico City, Alonso Ruvalcaba’s words prickle, satiate, and sear. An essential voice of the city, Ruvalcaba covers the gastronomic terrain of Mexico City, arming the text with quotes from a diverse cadre of eaters, taqueros, cantina-men, diableros, patrons, and cooks tied together by the essentialness of city food. Each chapter hones in on a specific hour of the day, moments defined by their food patterns, the hour for pozole or the hour for tortas, to capture the inexhaustible, endless banquet that the teeming metropolis offers. He finds pleasure as much in the new words and the new dishes, as in the people who create them, born of a hyper-local food scene and global urban culture. Beyond the comprehensive gastronomic geography that he documents, his words read like poetry, like waves lapping at the hull of a boat. From Tlalpan to Central del Norte, from Neza to las Lomas, Ruvalcaba covers more ground than most.
— Scarlett Lindeman, Cicatriz
‘24 horas’ es un libro sobre nuestra ciudad, una gran crónica de lo colectivo que no, no transcurre en 24 horas, aunque así se estructura –como un viaje de un día por nuestras calles–, sino realmente en años, en décadas. Es, de hecho, una historia de esta ciudad como no queriendo la cosa. Es un libro de cronista, un libro que podría haber escrito Gutiérrez Nájera en algunos momentos, o el foodie de la primera hora que fue Salvador Novo en muchos otros, o James Joyce –si hubiera sido mexicano, claro–. Es un libro lleno de literatura. Es un libro, como no podía no serlo, nostálgico: de los cocineros o parrilleros o taqueros muertos y de los restaurantes cerrados o derrumbados, sí, pero también de esas pequeñas sorpresas que siempre convoca este escritor tan inteligente. Este libro transita con una comodidad insultante de los restaurantes lista San Pellegrino al vejestorio digno y con aspiraciones de vintage que se niega a sucumbir a la especulación inmobiliaria al puesto callejero al taco de cajuela de Tsuru al refresco al pollo rostizado –arte mayor– y al Oxxo y el sándwich con papas de bolsa por dentro. Todo empapado en alcohol.

Este libro lleno de consistencias y texturas y contrastes de sabor, cosmopolita pero respondonamente casero, este viaje urbanísimo y recalcitrantemente chilango, este ensayo que es crónica que es memoria, es un librazo.
— Julio Patán, México Bizarro
 
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